
Los 19 ingenios nacionales están en plena molienda, luego de superadas las demoras por las lluvias excesivas que impidieron que las maquinarias ingresaran en los surcos. Con el lema “¡Con el mazo dando, pero a Dios rogando!”, el Ing. Juan Carlos Mirande, presidente del CART, describe la situación actual y las perspectivas respecto a la zafra 2026 que se plantean en la industria madre. También habló de los mercados, el aprovisionamiento de gas y los biocombustibles.

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Avanza con un muy buen ritmo la zafra azucarera 2026 en todo el país, donde trabajan a pleno todos los ingenios instalados en Tucumán, Jujuy y Salta, donde muelen caña y producen azúcar, por una parte, y alcohol, por otro lado. El índice de corte con alcohol de los combustibles renovables también es materia de análisis en el sector productivo e industrial. Sobre todos estos temas se desarrolló el diálogo que Revista Producción Agroindustrial del NOA mantuvo con el ingeniero agrónomo Juan Carlos Mirande, presidente del Centro Azucarero Regional Tucumán (CART), quien también es Director, en representación de los ingenios azucareros locales, en el Instituto de Promoción del Azúcar y Alcohol en Tucumán (IPAAT). ¿Cómo avanza la zafra 2026, cuántos ingenios muelen y producen, cantidad de caña procesada y volumen de azúcar producida?
Al 31 de julio pasado, los 19 ingenios del país (14 de Tucumán, 3 de Jujuy y 2 de Salta) se encuentran en plena molienda en esta zafra 2026. A esa fecha, la cantidad de caña procesada en Tucumán es de 6.628.530 ton, casi 2 millones de toneladas menos que a la misma fecha del año 2025.
Esto se debe, principalmente, a las demoras en la cosecha derivadas de las abundantes lluvias caídas durante el otoño, a la baja insolación -que demoró el secado de los suelos, afectando el tráfico de los equipos de cosecha- y, en menor medida, a las restricciones en el aprovisionamiento de gas para la industria. Como resultado, el avance de la cosecha sobre el total de caña disponible para molienda es del orden del 33,7 %.
Acá se plantea un desafío porque, además, el informe de la Estación Experimental Agrícola Obispo Colombres (EEAOC) estima que hay casi 2 millones de toneladas más de disponibilidad de materia prima para esta zafra que para la zafra anterior, con lo cual el diferencial es el doble de lo que se puede asignar al atraso en el arranque de la cosecha.
Corresponde señalar aquí que todos los industriales tienen una clara decisión de hacer todo lo posible para levantar toda la caña, pero hay condicionantes externos que no manejan, entre los cuales el más importante es el riesgo de lluvias tempranas durante la primavera, que pueden incidir en forma muy negativa en el cumplimiento de este objetivo, de gran importancia para la economía del NOA.
Además, se da la circunstancia de que, al no haber ocurrido heladas, la caña va a seguir manteniendo un rendimiento y una calidad razonable, aún ya avanzada la primavera, cosa que también -en definitiva- favorecerá la posibilidad de lograr una finalización especialmente tardía de la zafra 2026.
Con rendimientos fabriles levemente superiores a los de la zafra pasada, el azúcar físico de diferentes tipos producido a esa fecha suma 458.558 ton en Tucumán y 599.346 ton a nivel país, que significa unas 112.000 ton menos que en la zafra 2025.
En síntesis, y siguiendo lo que comenté más arriba, la predisposición a cosechar toda la caña y lograr la mayor producción y la más efectiva comercialización de los producidos de la zafra están presentes en lo actitudinal desde el sector industrial. Pero existen condicionantes externos de imposible manejo, entre los cuales las lluvias primaverales -fecha de ocurrencia, intensidad y duración- serán las más importantes.
“¡Con el mazo dando, pero a Dios rogando!” sería, en mi opinión, el lema más adecuado para describir la situación actual y las perspectivas respecto a la zafra 2026.
En un momento se repitió lo que ocurre todos los años: falta de gas y peligro de paralizar el funcionamiento de los ingenios. ¿No pueden tener asegurado el aprovisionamiento de gas? Y en este caso, ¿eso significa mayores costos para los ingenios?
Efectivamente, se produjeron faltantes temporales de gas, que se hizo especialmente crítico debido a la coincidencia entre el inicio de zafra -en el que se produce un pico estacional de demanda a causa de que no se dispone todavía de bagazo en cantidad suficiente- y un período frío en el centro de Argentina, que concentra el mayor porcentaje de la población.
El problema de fondo es la insuficiente inversión nacional en la reversión del sentido de transporte del Gasoducto Norte, que todavía no se ha completado, que permitirá a futuro derivar gas de Vaca Muerta hacia el Norte de la Argentina, para suplir la drástica disminución de la producción de nuestra región y la casi inexistente importación desde Bolivia. Las Uniones Industriales de toda la región (UNINOA para el Noroeste y UNINOR para todo el Norte) vienen reclamando la urgente reactivación de estas obras, para solucionar esta seria amenaza para nuestra economía, que afecta a toda la actividad industrial regional.
Si bien los gobiernos provinciales -en especial el de Tucumán- realizaron efectivas gestiones para solucionar esta coyuntura, el costo por unidad adicional (metro cúbico o millón de BTU -es la Unidad Térmica Británica; se trata de una medida de energía- fue como mínimo del doble y hasta ocho veces el habitual para esta época.
¿Cómo visualizan la situación de los mercados local e internacional? ¿Trabajan cercanos con el IPAAT (Instituto de Promoción del Azúcar y el Alcohol de Tucumán)?
A pesar de la demora en la liberación al mercado de azúcares de la zafra 2026, con la consecuente disminución de las reservas disponibles de la zafra anterior, la presión sobre la oferta fue menor a la esperada, lo que derivó en un incremento del precio claramente inferior a lo razonable. Se especula con que la menor demanda tuvo -y todavía tiene- que ver con la caída del poder adquisitivo de la población, producida en los últimos meses.
Los precios del mercado internacional se están comenzando a tonificar, luego de muchos meses de caída sostenida. Se estima que este hecho ayudará a exportar azúcar en los volúmenes previamente acordados, algo muy importante dado que la materia prima todavía no cosechada es abundante, y hasta la fecha prácticamente no se han registrado heladas.
La industria trabaja en forma muy estrecha y activa con el IPAAT; de hecho, el CART ocupa una banca en su Directorio, en cuyo seno se analiza, semana a semana, la marcha de las principales variables relacionadas con la industria sucroalcoholera, incluyendo el monitoreo de los volúmenes exportados, los derivados a producción de alcohol y los volcados al mercado interno.
Se habla de modificar la Ley de Biocombustibles. ¿Qué opinan en el CART; habría que aumentar el porcentaje de corte del 15%?
Efectivamente, se están haciendo enormes esfuerzos para lograr la promulgación de una nueva Ley que reemplace la actual, que tuvo escasos y hasta nulos efectos en la mejora de la actividad. Desde los productores de alcohol etílico a partir de caña de azúcar, la mayoría de ellos asociados al CART, se ha planteado, como una primera etapa, asegurar un 6% del corte para esta industria, mientras se van generando incrementos graduales de este corte para llegar, en de dos o tres años, al 15% en conjunto con los que lo producen a partir de maíz. A posteriori, se ha propuesto seguir con el incremento del corte, en forma libre, en cuanto a la materia prima que se emplee para producirlo. En estas estrategias existe una total coincidencia entre la industria sucroalcoholera, la maicera y los gobiernos de las respectivas provincias productoras. De hecho, en los próximos días se celebrará una nueva cumbre de bioetanol en Tucumán, que pondrá todo esto nuevamente en relieve.
¿Las estrategias de minimizar la quema de cañaverales está dando resultados?
Se trata de un tema muy complejo, pues se registran conflictos de intereses entre, por un lado, la ciudadanía no involucrada directamente en la actividad, los gobiernos y sus áreas de control ambiental y la legislación vigente, y por otro lado, los miles de productores cañeros de pequeña escala y sus familias, para quienes no se ha encontrado –no sólo en Argentina, sino también a nivel mundial– un sistema de cosecha aplicable a pequeños ‘fundos’, en los que se hace imposible la operación de maquinaria de gran porte como son las cosechadoras integrales de caña en verde, los carros de autovuelco y los camiones y sus acoplados tirados por tractores. Si bien no se trata de un tema directamente atinente al sector industrial, parecería lógico aplicar esquemas como los vigentes en Florida y Louisiana (USA), de quemas programadas en función del monitoreo de las condiciones ambientales vigentes a cada momento por parte de la autoridad de aplicación, pero esto requiere de un equipamiento, de una planificación y, finalmente, de una gestión, que no están actualmente al alcance de economías como la nuestra.

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