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 Agroindustria
Regresar al Sumario Julio / Agosto 2009

Integración Vertical de los Sistemas Productivos Argentinos

¿Nuevos paradigmas? Agregar valor en origen

En los últimos años se produjeron cambios profundos a nivel global y también en Argentina esos cambios, entre otras cosas, indican un crecimiento de la siembra sobre campos alquilados con contratos de muy corto plazo (muchas veces una campaña). Este proceso dificulta la planificación de un sistema de rotación de cultivos, la aplicación de tecnología como la del balance de nutriente y carbono del suelo, también afecta el desarrollo de estructuras fijas que permiten integraciones que faciliten procesos de industrialización en origen, transformaciones de proteína vegetal a proteína animal, biocombustibles, etc. Finalmente desalienta la integración asociativa para encarar proyectos de mayor valor agregado en origen, que conlleven a un crecimiento con desarrollo y equidad del interior del país.
Las crisis agudizan el ingenio y activan muchas mentes en todos los niveles de la cadena agroalimentaria.
Por tal motivo surge la necesidad de diseñar estrategias tecnológicas integrales que orienten al desarrollo de políticas activas que mejoren la realidad mirando a los próximos 20 años. La propuesta tiene como base la idea de dejar de ser espectadores para pasar a ser uno de los tantos protagonistas de los cambios que debemos al menos considerar, discutir, para luego elaborar proyectos concretos que se transformen en productos.
Lo más claro de la realidad es que la cadena de agroalimentos argentina debería crecer en productividad, valor agregado y sustentabilidad, para ello es conveniente crecer en procesos de industrialización primaria en origen, crecer en la transformación de ese alimento de origen vegetal en proteína animal (carne bovina, leche, cerdo, producción avícola), y también debe crecer en industrialización secundaria (o sea frigoríficos, plantas lácteas diversas, chacinados, etc., etc., todos con calidad trazable y denominación de origen en ciertos productos), y si es posible una terciaria (carnes cocinadas listas para ser consumidas). Además se debería crecer en la cadena de frío y abastecimiento trazable hasta las góndolas locales y del mundo, pero siempre bajo estructuras manejadas desde origen.
Hoy existen muchos ejemplos exitosos de grandes complejos agroindustriales, pero también es real que el grueso de la exportación agropecuaria argentina está constituida por "commodities", por lo que se sugiere que en el futuro ningún producto primario viaje en camión más de 80 km. sin recibir un incremento de valor, o sea agregado de valor en origen. En los próximos 10 años, Argentina debe incrementar el valor promedio de la tonelada exportada de agroalimentos de 400 U$S/tn a más de 1.200 U$S/tn y de ese incremento de valor o renta debe apropiarse el productor agropecuario primario si desea seguir siendo competitivo. La primera pregunta es ¿competitivo respecto a quién? respecto a los productores del resto del mundo que hace mucho tiempo que ya pasaron las tranqueras; la segunda pregunta es ¿cómo lo hacemos? y la respuesta es participando activamente de manera asociativa en toda la cadena de agroalimentos, o sea una integración vertical del productor primario en la cadena de agro alimentos.
Al "exportar" cereales y oleaginosas como grano de una zona a otra, se pierde la potencialidad de agregar valor y generar mano de obra en origen, o sea pierde el potencial desarrollo del territorio generado por la actividad agropecuaria.
El grado de desarrollo de un país es precisamente el valor de la tonelada exportada en relación al valor de la tonelada importada.
De la misma manera se mide el desarrollo de territorio de un país; hoy en Argentina existen provincias y ciudades agroindustriales y otras que solo producen y "exportan" con fletes caros, materia prima sin elaborar, es evidente que es difícil crecer cuando la producción de bajo valor (grano) viaja por camión más de 200 km. al lugar del primer destino.
Resulta poco conveniente y sustentable importar toneladas de fertilizantes, agroquímicos y maquinaria agrícola a 700, 3.000 y 10.000 U$S/Tn respectivamente, transformarla en cereales y oleaginosas y exportarla a 400 U$S/Tn en promedio.
Claro está que mirando a 10 años se debe evolucionar mucho al respecto, sin dramatizar, ni perjudicar a nadie, -y en favor de todo el país; evolucionar con propuestas y acciones concretas en las que la gran mayoría de los habitantes estemos de acuerdo-, y que se transformen en políticas agroalimentarias de Estado.
Por ello en el INTA, desde el Proyecto PRECOP II, un grupo de técnicos de varias experimentales desde mediados del año 2007 estamos trabajando para generar y difundir un nuevo concepto de agroindustrialización del campo donde el valor agregado sea producido en origen, donde la producción primaria sea producida con la mejor tecnología, con precisión por ambiente, con el concepto de que la calidad comienza desde el principio, donde se eviten pérdidas físicas y de calidad, dentro de un marco de "aseguramiento de la calidad".
En lo posible producir cereales u oleaginosas teniendo en cuenta el objetivo de satisfacer un estándar de calidad específico, que es demandado por la agroindustria, según los productos que elabora y las exigencias de los distintos mercados.
La agricultura de precisión además de hacer preciso y rentable el uso y aprovechamiento de los insumos aplicados según ambiente, también es una poderosa herramienta para la trazabilidad de procesos, disminuyendo la contaminación ambiental y de los productos.
Posteriormente a este Proceso Primario con Valor Agregado viene el próximo eslabón, la industrialización primaria, o sea "fabricar" luego de algunos procesos precisos (molienda, extrusado) los mejores alimentos balanceados específicos (para cerdo, pollos y bovinos), ese producto con relativo valor agregado no debe trasladarse muchos kilómetros para ser transformado en proteína animal: cerdo, pollo (huevo/carne) y bovino (leche/carne). Todos los procesos de transformación intensivos generan efluentes que deben ser bien tratados y transformados mediante un proceso de biodegradación (biodigestor) en biogas, bioelectricidad y biofertilizante, energía que debe ser reutilizada en un complejo agroindustrial transformador con mucha eficiencia y con el biofertilizante reponer los nutrientes en los propios campos donde fueron extraídos los granos y pasturas.
En el mismo complejo deberían ubicarse las industrias secundarias que dan el gran incremento de valor agregado, los frigoríficos de pollo, cerdo y bovinos, las industrias lácteas, las industrias de procesamiento de huevos, de fiambres y chacinados, quesos, dulce de leche, etc. muchos de ellos con denominación de origen (lo que constituye más valor agregado). Todas estas industrias consumen energía y desechan efluentes que también deben transformarse en biogas, bioelectricidad y biofertilizantes, mejorando la ecuación energética y la gestión ambiental.
En el mismo complejo debe existir la cadena de transporte con línea de frío y trazabilidad para llegar con la mejor calidad posible a las góndolas del mundo.
Los cambios propuestos en estos modelos productivos a modo de ejemplo están indicando una evolución en el manejo del valor agregado donde muchos productores trabajan de manera asociativa con ubicación geográfica estratégicas. Estos productores confluyen con su producción primaria a un centro de industrialización con escala competitiva que funciona como una Sociedad Anónima con espíritu cooperativo, donde cada unidad es manejada en forma independiente generando rentas que deben ser redistribuidas en proporción a los kilogramos de materia prima aportada. Es decir que la propuesta debe contemplar una apropiación de la renta por parte del productor primario, así en todos los procesos, industrialización secundaria, transporte, cadena de frío y comercialización en el mercado interno y externo (exportación).
Este valor agregado en origen genera crecimiento con desarrollo (genera trabajo en origen), la equidad de distribución está asegurada por el espíritu asociativo de los emprendimientos, evitando la concentración de la población en grandes ciudades.
La sustentabilidad y la conservación de los recursos naturales estarían también asegurados por el manejo de los insumos según ambiente, con la trazabilidad del trabajo a campo y por la secuencia y rotación de cultivos donde el maíz, el sorgo y el trigo estarían siempre presentes como cultivos capturantes de carbono y generadores de raíces estructurantes de suelo. La soja será el cultivo proteico por excelencia. A nivel químico, al suelo se le devolverá gran parte de los nutrientes mediante el aporte de los biofertilizantes extraídos de los biodigestores y distribuidos racionalmente en donde más convenga. O sea que con esta metodología de trabajo también frenamos la hoy masiva exportación de nutrientes a bajo precio que llevan los granos, las harinas y aceites al resto del mundo.
Muchos son los modelos productivos que se pueden diseñar bajo esta filosofía asociativa de escala competitiva con integración vertical y agregado de valor en origen.
Debemos también tener en cuenta que en Argentina es factible replicar en parte algunas de las 160 plantas productoras de etanol a partir de la molienda del grano de maíz que existen actualmente en EE.UU. y consumen 90 M/Tn de maíz por año. Los modelos de producción de etanol, a partir de caña de azúcar, a partir de grano de maíz y sorgo y también el etanol de sorgo planta entera de sorgo azucarado cosechadas con máquinas de caña de azúcar serán una realidad en Argentina en el mediano plazo. Todos estos complejos industriales alcoholeros producen residuos muy valiosos para la alimentación animal, principalmente el DDG (grano seco destilado) de maíz y sorgo granífero muy ricos en proteínas (25%) con 10 a 12% de humedad. También se puede trabajar como alimentos perecederos el DDGS, o sea con 60% de humedad (ración para corta distancia), donde se favorece el asociativismo del productor vecino a la planta. El etanol no se puede transportar por caños, por lo tanto debe hacerlo por camión o tren hasta una refinería petrolera, esto indica un análisis preciso de la situación.
Tampoco debemos descartar las otras fuentes de energías renovables como ser la energía eólica en zonas de mucho viento y la energía solar, dos fuentes generadoras de electricidad que serán la llave para producir hidrógeno, ya existe experimentalmente el tractor a hidrógeno y como se sabe la tecnología del hidrógeno es de electricidad dependiente.
En el camino del balance energético y ambiental existe la tecnología del biogás; estos modelos demandan mucho gas y en el caso que sobrara biogás se transformaría en electricidad a través de un generador; el efluente del biogás es un biofertilizante rico en P y N, pero se ofrece muy diluido, lo que indica para su utilización un gran caudal por hectárea, señalando la conveniencia de utilizar un equipo de riego (Pívot) para fertirrigación, claro está haciendo funcionar el motor de la bomba extractora de agua también con biogás. Esta alternativa será viable en zonas con calidad y cantidad de agua subterránea; donde no exista el agua, el biofertilizante se distribuirá con tanques distribuidores especiales.
Todos estos modelos productivos ya existen y funcionan en Brasil, EE.UU., Europa Central y también se replicarán en Argentina pero con el gran desafío de integrarse verticalmente. El valor del petróleo 66 U$S/barril del año 2009, versus 16 U$S/barril del año 2002, el valor de la tierra actual de 8.000 U$S/ha. versus 2.000 U$S/ha en el año 2002 indican cambios de paradigmas donde el uso de la tierra y la energía no alcanza a ser sustentable para un país que exporta granos sin valor agregado de una zona a otra y menos a otros países.
Otra cosa que seguramente será una moneda constante en los análisis del futuro será cuanto valor agregado se puede poner a un milímetro de agua útil de un perfil de suelo. Los promedios de conversión de los cultivos indican 7 kg/ha de soja por milímetro de agua útil, 8 kg/ha de trigo, 14 kg/ha de sorgo granífero y 17 kg/ha de maíz, aproximadamente. Eso indica que si la soja vale 436 U$S/Tn y el trigo 229 U$S/Tn, el maíz 167 U$S/Tn y el sorgo 130 U$S/Tn, un milímetro convertido a soja produce primariamente 3,05 U$S/mm de agua útil y el trigo solo 1.83 U$S/mm, el maíz produce 2.83 U$S/mm y el sorgo granífero 1.82 U$S/mm, y como se sabe en siembra directa al realizar doble cultivo, el milímetro utilizado para el trigo seguramente faltará para la soja o maíz de segunda. Por lo tanto en un futuro se hablará de costos de producción, de rentabilidad, pero también de la capacidad de transformación de los cultivos por milímetros; claro está, sin olvidar la sustentabilidad del sistema.
Además otra cosa que será muy tenida en cuenta en el análisis será la capacidad de valor agregado que posee cada kilogramo de cereal y oleaginosa por su valorización en la industrialización, como así también en la transformación, en las diferentes alternativas de proteína animal producida teniendo siempre presente al consumidor a nivel global.
Todo indica que el campo argentino del mediano plazo (10 años) debería abandonar la idea de exportación sin transformación, sin industrialización, sin valor agregado en origen para evolucionar hacia sistemas productivos donde el productor primario supere la tranquera participe y se apropie de la renta, recuperando la competitividad territorial, progresando con desarrollo, con gestión ambiental y energética, conservando los recursos naturales, con equidad de distribución de la renta que fueron capaces de generar mediante la integración vertical de la cadena agroalimentaria.
Cada milímetro de agua almacenada en suelo fértil con cultivos de alta capacidad fotosintética debe ser aprovechado al máximo, y eso no será posible lograrlo si el grano producido es industrializado y transformado a muchos kilómetros y a veces a miles de kilómetros de donde se produce. En el futuro cercano la medición de la productividad de un campo dejará de ser la unidad kg/ha de granos, para transformarse en parámetros como valor agregado en góndola/ha, o bien, puestos de trabajo generados en origen por hectárea.
A continuación se muestran esquemáticamente solo 3 modelos productivos de integración vertical de las tantas combinaciones que se pueden lograr dependiendo de muchos factores agro climáticos frente a las diferentes eco-regiones posibles de implementar. Un grupo de técnicos del INTA distribuidos en 10 provincias y 14 experimentales trabajan para facilitar técnica y operativamente a que estas ideas de asociativismo empresarial, con integración vertical en origen con participación directa del productor primario sea una realidad en los próximos años.
Los argentinos también podemos hacerlo…
Los intendentes de los pueblos del interior del país que hoy ven comprometida la futura demanda laboral en origen, tendrán que ponerse al frente de la gestión de los mejores proyectos de integración vertical para su zona.
Los pequeños y medianos productores del futuro serán dueños de una haba parte de un gran complejo agroalimentario en origen.

LOS TRES MODELOS

En los tres modelos propuestos:
•Esquema 1: se destaca la producción de carne porcina y aviar.
•Esquema 2: la proteína animal está presente a través de la carne porcina y huevo (granja).
•Esquema 3: la leche bovina es el centro de la transformación.
La base estratégica es el asociativismo de muchos productores vecinos que se integran en una S.A. alrededor de un complejo agroalimentario en origen, donde los puntos destacados son:
•Escala asociativa (competitividad de los productos primarios).
•Agregado de valor en origen (nuevos puestos de trabajo).
•Desarrollo de territorio con equidad.
•Generación de bioenergía (biogás y electricidad), biofertilizantes y también biocombustibles.
•Conservación de los recursos naturales y gestión ambiental.

Revista PRODUCCION: Integración Vertical de los Sistemas Productivos Argentinos
Figura 1: Modelo de integración vertical de la producción agropecuaria, donde se integra la producción de grano y pasturas con precisión y sustentabilidad, industrialización primaria, transformación con trazabilidad, carne bovina y aviar, procesamiento y transporte hasta llegar a las góndolas de los supermercados.
 
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Figura 2: Otro modelo de integración vertical donde la producción primaria de grano es transfornada en carne porcina y a través de una granja en huevo, industrialización y transporte hasta llegar a la góndola de los supermercados.
 
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Figura 3: Integración vertical de agricultura grano/pasturas para producción intensiva y procesamiento industrial de leche, producción de bioenergía, gestión ambiental y cadena de transporte hasta las góndolas.
 
Por Ing. Agr. M.Sc. Mario Bragachini
Coordinador de la Red del Proyecto Agricultura de Presión y Máquinas Precisas. Coordinador del Proyecto Específico Eficiencia de Cosecha
INTA EEA Manfredi
E-mail: precop@correo.inta.gov.ar

Esta nota fue publicada en las páginas Nº 36, 37, 38 y 39 de la edición en papel de la revista de Julio / Agosto 2009.







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