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Ene/Feb 2009



tiempo de desafíos

Entrevista: Hugo Luis Biolcati

En septiembre, la Sociedad Rural Argentina renovó sus autoridades y Hugo Luis Biolcati fue el elegido para el mandato de dos años como presidente y aquí adelanta cuáles serán sus principales desafíos en un momento clave para el sector agropecuario.

Revista PRODUCCION: tiempo de desafíos
 
Revista PRODUCCION: tiempo de desafíos
 
Revista PRODUCCION: tiempo de desafíos
 
En una entrevista con la Revista Anales de la Sociedad Rural Argentina, Biolcati hace un balance del conflicto con el Gobierno y remarca que la unidad de las entidades llegó para quedarse: "Nos dimos cuenta de la fuerza que nos dio esa unidad y la vamos a mantener".

¿Cuáles son los desafíos para la Rural en los próximos dos años?
Más allá de los problemas coyunturales del sector, el objetivo inmediato es conseguir que se diseñe una política agropecuaria sustentable en el tiempo. No se puede concebir que el país no tenga una política agroindustrial que le permita aprovechar la circunstancia internacional. Los países vecinos quieren saber cuáles son los errores que comete la Argentina para no hacer lo mismo. Nuestro principal desafío es poder encontrar el camino para que la Argentina se desarrolle como un país agroindustrial en un momento en que el mundo necesita nuestra producción.

¿Qué impronta le piensa dar a su presidencia?
Yo no soy una persona del riñón tradicional de la Rural, soy crítico de algunas cosas. Creo que es necesario que la Rural se abra más, no sólo a los socios y a los productores sino a la gente. Es necesario que se diluya esa concepción elitista que tiene el hombre común sobre la Rural, porque no es real. Es parte del imaginario colectivo de algo que existió muchas décadas atrás y no existe más, porque hoy la mayoría de los socios son pequeños y medianos productores, como lo son la mayoría de los productores del país. La oligarquía vacuna ya no existe, pero hoy existe una oligarquía nueva: muchas veces son políticos, gente que vive a la sombra del Estado, empresarios del juego. Es un desafío revertir esa imagen errónea de la actividad agropecuaria en el país y de la Rural en particular. Para ello a veces hay que innovar un poco y remozar algunas tradiciones.

¿En qué otras tareas enfocará su atención?
Vamos a darle impulso a los proyectos educativos como el colegio de Realicó, las carreras del ISEA y los cursos del CEIDA. La educación es una manera de renovar ideas, conceptos y adecuarlos a los tiempos actuales. Otro de los desafíos es darle una mucha mayor participación en la vida de la Rural a los más de 200 delegados en todo el país. Los cuatro meses de conflicto fueron una experiencia muy rica, donde se vio que muchos directores de distrito actuaban como tales y tenían a su gente trabajando en las rutas codo a codo con las otras entidades, y también otros distritos donde los directores leían en el diario lo que sucedía. Eso para mí no puede ser. Un director de distrito tiene que saber cuál es su responsabilidad, tiene que concientizar sobre cuál es la posición que debe asumir la Rural en determinado problema. Más que una Rural muy grande, me importa una Rural que funcione con eficiencia.

¿En los últimos años la Rural vivió una evolución?
Yo creo que Luciano Miguens hizo mucho por la Rural, la imagen cambió mucho. También cambiaron los tiempos: en la primera década del siglo XXI no hubiera sido posible manejarse con los criterios de la década del 90. El mérito de Luciano es que supo adaptarse a ese desafío y cambiar radicalmente. Se requerían diferentes soluciones y él supo darlas con una enorme dosis de prudencia. La Rural vivió una evolución y hoy ocupa un lugar de mayor aceptación entre la gente. El mérito es de Luciano. Y de todo el equipo, si se quiere, pero la impronta la da el presidente.

¿Cómo vivió la experiencia de ser uno de los líderes del reclamo agropecuario más importante de la historia?
Fue una experiencia tremenda. No sólo fue una bisagra en la política del país y en el gobierno de los Kirchner: fue una bisagra en nuestras vidas. Cuando empezó la protesta, en los primeros días después del 11 de marzo, nunca supusimos que iba a pasar lo que sucedió luego. Las decisiones no se planificaban, se tomaban de común acuerdo después de muchas discusiones, pero con una espontaneidad y hasta una falta de profesionalismo que creo que fue gran parte del atractivo. Las cosas se fueron desencadenando y la gente comenzó a seguirnos, pero creo que el punto de inflexión se produce en Rosario. Cuando decidimos hacer el acto en el Monumento a la Bandera sabíamos que era un riesgo. Estimábamos reunir veinte, treinta mil personas… pero desde la mañana veíamos llegar un montón de gente y cuando subimos al escenario y vimos ese marco de 300.000 personas nos preguntábamos cómo habíamos hecho para llegar a esa multitud sin plata para publicidad.

¿Fue complicado conducir el enojo de los productores?
El hombre de campo acompañó de inmediato; en alguna medida nos acompañamos mutuamente. No es que nosotros hayamos provocado algo, sino que pudimos conducir algo que sucedía en una turbulencia que estaba por estallar. Era como una gran ola en el mar. Vos no podés pararte adelante y hacerle frente porque te aplasta. Si te quedas atrás, la ola sigue y te deja en el camino. La única solución era montarse arriba y surfearla sin distracciones. Era la sensación que teníamos todos los días: estar surfeando una ola muy grande en una corriente que era inmanejable, pero que de alguna manera íbamos guiando.

¿Cómo vivieron el apoyo de las ciudades?
Fue un fenómeno que empezó a brotar pueblo por pueblo y explotó en Rosario. Canalizamos la frustración de muchísima gente muy irritada que no encontraba una vía para expresarse. Creo que nos eligió porque vio una actitud digna, sincera y espontánea de un grupo que supo plantarse frente al Gobierno diciendo: "Esto así no va más". Un grupo que supo interpretar el enojo de la gente y conducirlo evitando un caos, porque estuvimos permanentemente al borde del caos.

¿Por qué fracasó la estrategia de desgaste del Gobierno?
Con el Gobierno hubo un equilibrio, una paciencia… El Gobierno jugaba permanentemente a que se nos saliera la cadena y nosotros respondíamos con paciencia, asumiendo el riesgo de pasar por estúpidos frente a nuestra propia gente. Ese equilibrio, ese límite que supimos mantener nos dio una fortaleza enorme ante la gente. El resultado es que se consiguieron frenar las retenciones móviles de 45 por ciento. Quizás para el campo todo eso no significó demasiado, porque los demás problemas subsisten, pero produjimos un hecho político que es mucho más importante que no haber logrado aún los objetivos del campo, que son hoy nuestros desafíos.

¿Qué importancia tuvo la comunicación?
La prensa se autoalimenta: algo que tiene eco popular es bien visto por los medios y lo que la prensa ve bien tiene mayor eco popular. Esa bola de nieve fue creciendo, y así durante 130 días el reclamo del campo ocupó la primera página de todos los diarios. El campo estuvo presente de la mañana a la noche todos los días en todos los medios de comunicación. El Gobierno intentó competir con campañas publicitarias y no lo logró, porque ante un fenómeno tan espontáneo y tan fuerte no se puede. Esa presencia permanente fue muy importante para que la gente de la ciudad entendiera el problema del campo, supiera qué es una retención, aprendiera sobre la soja, el trigo… un montón de cosas que no conocía. La cabida que nos dieron los medios fue sensacional, y creo que respondimos bastante bien. Supimos comunicar.

¿Cuán clave fue la unidad de las entidades?
Es el principal mérito de toda esta acción. Fue elaborada con mucho esfuerzo y vino de abajo para arriba, porque el campo en las rutas estuvo unido. La Comisión de Enlace construyó la unidad por pedido de los productores y se construye todos los días, como un matrimonio. No era un lecho de rosas, había problemas, pero por convivir en momentos tan difíciles la amistad que logramos entre los miembros de las diferentes entidades fue muy intensa. Nos dimos cuenta de la fuerza que nos dio esa unidad y la vamos a mantener, es nuestro desafío.

¿Cómo ve el fenómeno nuevo de los autoconvocados?
Sin la cantidad de productores que estuvieron en las rutas sacrificándose, chupando el frío que chuparon y dejando todas sus actividades para estar en la banquina, no se podría haber logrado todo esto. Cuando hablo de la unidad del sector no hablo sólo de las cuatro entidades, sino de la unidad de todos los productores en un movimiento donde tiene mucho más mérito el tipo que estuvo en la ruta cuatro meses que nosotros, que poníamos la cara en televisión o nos tragábamos los sapos de Alberto Fernández. Pero en esa gente en las rutas había muchísimos productores de las distintas entidades, gente que nunca había participado y mucha juventud. Se los llama genéricamente autoconvocados, pero aún los que pertenecían a las entidades se autoconvocaron a la ruta con una espontaneidad enorme. Ahora muchos jóvenes están buscando una participación en la vida gremial y política: se dieron cuenta de que si no participás, perdés. No creo que haya que fundar un partido agrario, sino que hay que incorporarse a los partidos existentes. Lo mismo para el gremialismo, creo que hay que incorporarse a las entidades existentes antes que crear una nueva.

¿Qué representa la Rural en su vida?
Es una experiencia muy rica, mucho más fuerte que la que podría haber alcanzado en una asociación gremial industrial, de donde yo venía. La intensidad del vínculo que se crea en la Rural es completamente distinta a la que se genera en una empresa, porque la interacción con los socios es mucho mayor. Esto implica una gran responsabilidad y requiere de mucha diplomacia en la política interna. Y hacia afuera el esfuerzo que uno pone es atrapante e intenso, porque sin ninguna duda uno le pone el lomo. En el gremialismo rural uno le resta tiempo a su trabajo, va menos a su campo, y a mayor compromiso hasta se pone dinero, porque muchos gastos de la gestión se pagan con el bolsillo del dirigente. No hay beneficio propio, salvo la satisfacción de sentir que uno hace algo por los demás.t


Fuente: Revista Anales de la Sociedad Rural Argentina, Año CXLI, Nº 4,
Septiembre de 2008

Esta nota fue publicada en las páginas Nº 40, 41 y 42 de la edición en papel de la revista de Enero / Febrero 2009.







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